Waterloo

En la última clase de inglés avanzado que impartí a mis alumnos, les hablé sobre la épica y gran batalla de Waterloo, que se dio  entre las fuerzas británicas y el ejército francés, el resultado de la cual sería el futuro de Europa por los siguientes 100 años.

 

En abril de 1814, Napoleón Bonaparte, junto con una guardia modesta de seguidores, se escapa de la isla de Elba, donde se le había exiliado después de más de 14 años de guerra con toda Europa.

En ese momento, el rey de Francia era un hombre muy gordo pero de una mente muy rica y muy estoica, quien pasaba la mayoría de su tiempo traduciendo poemas de grandes autores franceses al alemán, una lengua que dominaba perfectamente, ese hombre era Luis XVIII.

Poco tiempo después, Bonaparte ancla en las costas francesas y marcha hacia París por la ruta de los Alpes para evitar ser capturado por las fuerzas de Luis XVIII, quien ya se había enterado de que el “Usurpador”, como le llamaba a Bonaparte, ya estaba en Francia.

 

Para interceptarlo, mandó a todo un ejército para que se le detuviese; sin embargo, aquel ejército se derritió al ver a su viejo emperador, quien abiertamente les dijo “Si quieren dispararme, aquí estoy”, a lo que nadie pudo jalar el gatillo.

Con esta fuerza bajo sus órdenes, marchó a París, reclutando más y más soldados en su camino, quienes le recibían con flores y halagos, uniéndose  con el corazón lleno de amor y patriotismo.

Al esto suceder, no le quedó de otra a Luis XVIII que abdicar y escapar Francia, como algún día lo trató de hacer su predecesor, el rey Luis XVI y su tía María Antonieta, reina y soberana de Francia; sin embargo, él sí lo pudo hacer de manera exitosa y no perdió su cabeza en la guillotina.

Al esto pasar y al Bonaparte retomar el trono y ser proclamado Emperador Francia, todas las monarquías de Europa le declararon la guerra, no a Francia, sino a Napoleón como persona, quien siempre decía “Francia es yo y yo soy Francia”.

La coalición en contra de Bonaparte estaba formada por Austria, Prusia, Rusia, Holanda e Inglaterra, quienes ya habían sido cabalmente derrotados por Napoleón, con la excepción de la aferrada Inglaterra, quien había no solo ganado todos sus combates en contra del Emperador de Francia, sino que lo había ya expulsado de España y Portugal con un puño reducido de soldados.

Debido a esto, Inglaterra sería la comandante de la coalición, bajo el mando del Duque de Wellington, quien había derrotado a todos los generales de Bonaparte en Portugal y España; sin embargo, él nunca se había enfrentado a Napoleón cara  a cara, hasta aquel día en las afueras de un pueblo belga llamado Waterloo.

El Emperador contaba con un ejército de 128,000 hombres, que le era suficiente para enfrentar a los ingleses, quienes tenían tan solo 93,000 soldados; sin embargo, Wellington había convocado a los prusianos, quienes contaban con un número de 122,000 combatientes, por lo que los tendría que atacar por separado.

Wellington, por el otro lado, conocía bien el terreno y sabía muy bien que mediante una batalla de carácter defensiva podría debilitar a los franceses hasta que llegaran los prusianos a atacar el flanco izquierdo y la retaguardia de Napoleón.

Después de una épica batalla, que duró más de ocho horas, el Duque de Wellington pudo ejecutar su plan a la perfección y derrotó a Napoleón Bonaparte para siempre.

napoleon