Solución alterna para los más inquietos de la clase

Hace poco me invitaron a dar clases a nivel de Secundaria, donde generalmente el promedio de edad de los muchachos es de 11 años.

distraidos

Al verlos, retrocedí en el tiempo cuando estaba justo en esa época y no recuerdo que fuéramos tan “activos”.

La variedad de personalidades y entre la edad en la que aún son niños queriendo ser grandes, buscando su lugar en la escuela, es lo que hace particular la adolescencia.

Mientras me encontraba dando clases, iba observando a mis alumnos. Unos muy serios y tranquilos, otros traviesos y dispersos, sin embargo me topé con unos pocos que definitivamente no podían estar ni atentos ni tranquilos.

Después de algunas sesiones, me acerqué al Departamento de Psicología del colegio para pedir información de algunos de mis alumnos y así como orientación para saber cómo manejar de la mejor manera la situación.

En ocasiones, llegué a sentir que mis alumnos, más que una maestra necesitaban un apoyo emocional.

La cuestión es que de todos los casos que detecté como “complejos”, en la lista los identificaron como alumnos con TDA.

Para mí este es un tema nuevo, ya que no me había topado con niños inquietos, dado que venía de dar clases en la universidad. La psicóloga me explicaba que el TDA se divide en tres grupos:

  • Persona que no es capaz de concentrarse (falta de atención)
  • Ser una persona extremadamente activa (hiperactividad)
  • No ser capaz de controlar el comportamiento (impulsividad)

Puede ser que la persona tienda más hacia alguno de estos grupos o presente una combinación de ellos. Para clarificarme más sobre el tema, también me compartió los síntomas más representativos de cada grupo.

En cuanto a los síntomas de la falta de atención resalta el hecho de que efectivamente no prestan atención, les cuesta enfocarse, no escuchan cuando se les habla directamente, muestran problemas de organización y evitan las tareas que les exige un esfuerzo mental continuo.

En cambio cuando tienden a ser hiperactivos, justamente son mucho más inquietos y no pueden estar mucho tiempo “tranquilos”, el estar en constante movimiento es el común denominador.

Las personas con síntomas de impulsividad no suelen esperar turnos e irrumpen con facilidad.

Después de esta charla, me dispuse a leer un poco más sobre el tema y resulta ser un tanto complejo, ya que la línea entre ser un niño inquieto y sano es muy fina con aquellos que se les considera con TDA.

pupitres

Entre mi búsqueda de información, me topé con una alternativa que están implementando en una escuela canadiense, donde están utilizando pupitres con un aditamento de bicicleta y les llaman pupitres-bicicleta.

La idea es sencilla y genial a la vez y solo consta de una sencilla adaptación.

El pupitre-bici es una mesa de lo más normal, solo que tiene adaptado pedales de bicicleta, con el objetivo de que los niños más inquietos gasten sus energías pedaleando.

Hasta el momento, esta escuela ha encontrado que con solo 15 minutos de estar en este pupitre especial, los niños logran canalizar y sacar su energía, logran mantenerse concentrados y cuando terminan de pedalear se sienten más tranquilos.

Después de leer este reportaje y al ver los resultados coincido en que el ejercicio físico puede plantearse como una terapia alternativa, que es mucho más saludable que el consumo de medicamentos.

Bueno, el reto está aquí, por lo que me las ingeniaré para mantener activos a mis alumnos “especiales” y ayudarlos a que consigan aprender sin ser estigmatizados.