El ambiente hace la diferencia

La semana pasada, en la escuela bilingüe a la que asisten mis hijos, se organizó una conferencia con el tema “The Influence of School Furniture and Classroom Environment in the Learning Process” (La influencia del mobiliario escolar y el ambiente del salón de clases en el proceso de aprendizaje).

Fue impartida por un grupo de educadores canadienses que se han dedicado a investigar los distintos factores que pueden afectar el aprovechamiento académico, tanto positiva como negativamente. El tema nos pareció de particular relevancia, porque actualmente la escuela planea cambiar el mobiliario y a todos nos interesa que se invierta en la opción más adecuada para el desarrollo de nuestros hijos.

Mi esposa y yo asistimos puntuales, con todo y cuaderno de notas, para no perder detalle de la conferencia. Los organizadores y ponentes se anticiparon a todo; dado que las exposiciones se harían en inglés, previamente nos enviaron sus diapositivas por correo electrónico, para que pudiéramos estudiarlas y también nos dieron las referencias de su blog y página web; de esta forma no estuvimos tan perdidos.

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El evento nos dejó muy satisfechos, pues aprendimos que ambientar un aula va mucho más allá de colocar los pupitres, pintar las paredes e implementar accesorios como pizarrones, materiales didácticos y estanterías. Ambientar tampoco se reduce a decorar. En realidad, la tarea consiste en diseñar el espacio propicio para que se lleve a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje que tiene lugar en el aula. Lo anterior implica que profesores y estudiantes deben contar con todos los recursos necesarios para llevar a cabo sus actividades, pero también tener las condiciones ambientales y climáticas que favorezcan el desarrollo de procesos intelectuales complejos.

El mobiliario es, sin duda, un elemento que se debe seleccionar con sumo cuidado. Los estudiantes de nivel básico pasan un promedio de cinco horas diarias en el aula, o más, si la escuela imparte cursos y actividades extracurriculares. Buena parte de ese tiempo, los alumnos estarán sentados ante sus pupitres, así que los muebles deben tener una estructura óptima, que les ayude a mantener una postura adecuada y no afecte sus músculos y huesos, que se encuentran en pleno desarrollo. Al adquirir las mesas o pupitres, la administración escolar debe considerar que brinden un soporte adecuado a los alumnos zurdos.

Otro factor interesante relacionado con el mobiliario es su disposición en el aula. Anteriormente, las bancas solían colocarse en filas, de frente hacia el maestro. Por lo general, éste se ubicaba en un nivel más alto que el resto de la clase, pues su escritorio se colocaba sobre una tarima. También era usual que el maestro estuviera siempre al frente del grupo, explicando el tema desde su escritorio o junto al pizarrón.

Las nuevas tendencias pedagógicas, que incentivan el diálogo, la participación y el trabajo en equipos, requieren otro tipo de acomodo del mobiliario. Ahora es más frecuente que las bancas se coloquen formando un semicírculo, para propiciar la discusión grupal, o que se cambien de lugar, según las necesidades del equipo de trabajo. Esto implica que además de ergonómicos, firmes y resistentes, los muebles deben ser fáciles de mover.

En cuanto al ambiente, éste se compone a partir de factores como la iluminación, la acústica y la temperatura. Tendemos a pensar que un espacio de estudio requiere mucha luz, por lo que los colores claros para la pintura de las paredes y las lámparas de luz blanca intensa se encuentran con frecuencia en este tipo de espacios. Sin embargo, una iluminación exagerada puede aumentar los niveles de estrés, afectar la visión y provocar efectos adversos en personas con padecimientos como epilepsia o migraña. Lo ideal es emplear colores claros en las paredes, como el beige o el salmón, pero no el blanco, porque reflejará demasiado a luz. En cuanto a las lámparas, son más recomendables las de luz cálida.

El aula debe tener una buena acústica, de tal forma que cualquier estudiante, sin importar el lugar donde se encuentre pueda escuchar al profesor. Se debe cuidar que los ruidos externos no perjudiquen las actividades que se lleven a cabo dentro del salón. Por último, es fundamental que el aula tenga una ventilación adecuada, pues si el aire no circula adecuadamente, puede haber una falta de oxígeno que produzca somnolencia.